Abro los ojos y una luz me enceguece...
Donde estoy? Hace cuanto estoy aquí?

El entorno me parece familiar, los arboles altos y tupidos, las aves revoloteando por todos lados.
Siento que debo hacer algunas cosas, que al parecer hacen parte de mi rutina. Entonces me levanto, voy camino a donde se supone que debo estar, una gran casa que parece un hongo rojo, una casa muy linda. Dentro hay unos seres mágicos que hacen muy amena mi estadia.

Hago lo que se supone debo hacer, pese a mi despertar desubicado, al parecer lo hago muy bien. Ahora no me preocupa donde estoy, la pregunta que ronda mi cabeza es ¿debo estar aquí? ¿es lo que me ayuda a ser lo que quiero ser?

No lo se... mi día continúa, ese reloj de arena del lado no se detiene. Uno de l

os seres mágicos de la casa-hongo es muy especial en mi vida y al parecer yo en la suya. Me siento muy comoda aquí, pero mi corazón sigue dudando.
¿quiero estar aquí? ¿Por cuánto tiempo?

Acaba el día y camino a mi casa escondida en el bosque, me digo a mi misma que quiero reflexionar. Al recostar mi cabeza sobre la gran mota de algodón que tengo como

almohada, entiendo lo que debo hacer: voy a dejar volar mi imaginación, voy escoger lo que quiero soñar y definir que quiero hacer para cumplir mi sueño.

Después de un sueño profundo, vuelvo al nuevo día, es el mismo mágico lugar y aun no estoy segura de nada. Cada grano de arena, baja lentamente, estoy pensando ¿Qué quiero soñar? Hoy si lo voy a hacer

y mañana amanecerá y veremos.No importa donde, ni con quien. Lo que importa es que ese lugar y ese momento me ayudará a alcanzar mis sueños.